Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Cádiz del recuerdo

 

Pequeña tristeza a Dinka

 

Cádiz del recuerdo, ciudad donde la dicha

es como una gaviota, un olear sencillo,

donde la ausencia toma potencia de planeta

y el amor se me viste con glorias de domingo.

 

En todas las ciudades, sobre sus campanarios,

irremisible flota como un ángel de olvido,

pero en ti se hace nada, hondón de claridades,

y se hacen pulso tuyo los siglos de los siglos.

 

Atardeceres suaves, cuando en las caracolas

de sus manos renace todo mi mar de niño,

todo mi mar de sueño que luego se concreta

en tus rocas atlánticas y su mirarme tímido.

 

Conozco por mis pasos la arena de tu parque,

oros de la alameda, corazones antiguos,

y la pequeña cántara de unos labios llevando

ternura hasta mi verso y mis oídos.

 

Mis versos en sus labios. Qué instante para amarla,

para elevar en hombros la voz del infinito.

Y aquí, Cádiz, se agranda su barroca dulzura,

tu resplandor más puro, tu total equilibrio.

 

Desde poniente llegan bandadas indecisas

de recuerdos y espumas de mis goces marinos,

de mis goces eternos de tus playas guardando

la huella de unos pasos junto a los pasos míos.

 

Sobre los miradores, más allá de tus mástiles,

en ese cielo claro de ciudades y libros,

tu nombre, Cádiz, lleva otro nombre y te hace

hallar tu justa forma, tu más pleno sentido.

 

En mí, tú ya no existes sobre las latitudes,

en voces geográficas, en notas y discípulos;

la hora de una cita y el color de unos ojos

te alzan y sostienen en el lugar preciso.

 

Yo en ti, oh Cádiz, amo tus playas en invierno

la soledad alegre de sus días vencidos,

y esa pequeña mano que va por los recuerdos

temblando en sol mayor con todos mis latidos.

 

 

(Publicado en Caleta)