Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Aquí ya se separan los caminos

 

Aquí ya se separan los caminos,

y siento que al decirlo y masticarlo

mi corazón se va tras tu cintura,

tras las veinte granadas de tu tiempo,

y siento que se enrosca la cigarra

de este verano de tus veinte años

tenaz y duramente a los recuerdos,

a la amarga corola del olvido.

 

Porque olvido serás cuando, más tarde,

volvamos la mirada hacia estos días,

cuando tu voz, tu nombre, tu dulzura

sean, no más, que un eco del pasado,

una mota de polvo en mi chaqueta,

y entonces, con el ancla de mis versos

sujetaré mi nave a las nostalgias

del no tenerte ni por la sonrisa.

 

Y tú –ya lo verás–, como supongo,

lanzarás las cometas de tu sangre

por claros cielos nuevos que me ignoren,

dejarás tu cabeza en la almohada

del sueño más reciente conmovido,

despertarás cada mañana tibia

a la ágil luz del día que te aguarda

sin dirigir tu aliento hacia mi ausencia;

pero un atardecer, cuando te acosen

los zarpazos de odio de la vida

irás a refugiarte entre mis versos

donde te esperaré para abrazarte.

 

Aquí ya se separan los caminos,

pero ¿por qué guijarros donde pudo

poner amor, alondras y canciones?,

¿por qué dejar en carne viva el sueño

de la esperanza donde nos hallamos?

 

Declinemos tu olvido con mi olvido

guardemos la matanza del recuerdo

con la misma pureza con que miras

y si la soledad más clamadora

derriba nuestras torres de alto empeño,

vendremos desde el miedo y la tristeza

-tú con tus veinte, inolvidables años

y yo con el cansancio de mi vida-

para enlazar, unidos, nuestras manos.

 

 

(Publicado en Punta Europa nº 33, Septiembre de 1958, Madrid)