Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Estabas escondida

 

Estabas escondida en el recuerdo,

agazapada entre las duras horas

de cada ocupación, de cada esquina

que la vida nos pone; estabas solo

entre rotas victorias, grises llantos,

entre antiguos visillos que una brisa

movía con ternura pocas veces.

Estabas como siempre por mi vida:

sólo un paso levísimo en mi cuarto,

una furtiva lágrima al dejarte,

un ordenar los libros, un seguro

preparar el café de la merienda…

Estabas carcomida por las voces

del trabajo y el pan y los amigos,

sin una ruda soga que trajera

hasta mi sed mi cubo de abundancias.

A veces me llegaba como un eco

el que vivías, que pasabas suave

por tu ciudad de huertas y de playas;

pero el eco se iba sin que nunca

te renaciese a mí, te cobijase

en el murmullo de tu voz queriéndome.

Pero esta noche, en agobiantes olas,

en torbellino, en espirales, surges

como antaño; en mareas violentas

te levantas, me inundas, me estremeces,

rompe la dura costra de estos años

-¿cuántos años sin verte o recordarte?-

y enhiesta, vertical, como una pena,

hacia el canto o la noche o la esperanza

me haces volver al nido de tu beso.

 

 

(Publicado en Puerto Norte y Sur, Primavera de 1998)