Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Yo ya no sé Señor

 
Yo ya no sé, Señor, si tengo entre los huesos
un volcán para amarte, un bosque hecho tristeza,
si tengo entre los labios palabras, o si sólo
tengo un poco de llanto royéndome la lengua.

No sé para qué sirve tanta pupila viva,
tanto escarbar las manos minutos en espera,
cuando existe este frío de no saber si somos
clavándonos su punta hasta la médula.

Clavándonos su punta, rociando de nadie
la tala irremediable del bosque de las venas,
alzamos para luego hundirnos en el fango
de ser nada en recuerdos y menos en la pena.

Yo ya no sé Señor, no sé para qué sirve
este latir la vida con el brote que empieza
cuando luego seremos troncos en el olvido,
desmoronados troncos sin luz ni primavera.

Aquí, Señor, tocando con los dedos tus cielos,
pidiéndote las migas del pan que te alimenta;
rocas en el vacío, penínsulas de amor
haciéndonos al istmo de tu firme presencia.

Mi oración es el paso de la hormiga en el árbol,
Señor, tan sólo eso; o el viento en tus praderas,
pero se queda a medio camino, sobre el monte,
último sueño roto, destrozada cometa.

Yo ya no sé, Señor, no sé para qué sirve
este granar las mieses para una inútil siega;
mi oración es un río que sale de mi fuente
y se enreda a tus pies, como un perro, sin fuerzas.

Tan sólo como un perro; pero tu mano suave
enreda los mechones toscos de su cabeza
y el río es un torrente que de mi pobre llanto
se eleva y en tus campos madura las estrellas.

Mi oración es el canto de las cosas humildes,
los trajes inservibles, la vida a flor de tierra,
y esa barraca inútil de los días alegres
para poder contar cómo nos fue la feria.

No sé para qué sirve, Señor, -no sé si tengo
un volcán para amarte, un bosque de tinieblas-
pero te traigo aun viva, sola, sobre el verano,
este trozo de espiga que arranqué a mi tristeza.

 

 

(Publicado en Caleta)