Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Indagación III

 

¿Y habremos de sabernos cada paso
con menos estatura y menos sangre;
y resignarnos a subir de nuevo
oscuros trampolines
para saltar a ciénagos sin fondo?
¿Y habremos de saber que cada instante
nos aguardan sollozos tras la puerta,
y que tendremos que acabar, sabiéndonos
amplios gigantes de la madrugada?
Pero por qué; nadie nos dijo
cuando el latir primero nos ganaba
centímetros de luces,
cuando el soplo vital nos iba alzando
en el sagrado y maternal recinto,
cuando impacientes dedos golpeaban
paredes interiores
con ventanales de sangrantes células,
nadie nos dijo
si estábamos conformes de llegarnos
a la amargura inútil de la tierra,
a este pasar furtivo
de cazador abandonado y solo;
nadie quiso decirnos
que en múltiples recodos se congregan
los ágiles fantasmas
de inconfesables noches sin finales.
Pero estamos aquí, de pie, como si nada;
como si esto no fuera con nosotros;
bailando en estos trágicos
valses de oposiciones
para tener más tierra entre los dedos,
sonriéndole a imbéciles
porque sostienen cintos de monedas
cayendo con la lluvia, levantándonos,
siendo menos nosotros, menos yo,
a cada nuevo paso que nos piden;
y para qué, me digo,
para qué este incansable arar los mares,
¿para servir de abono a alguna planta
con su podrida savia descompuesta?

 

 

(Publicado en Platero nº 14, Febrero de 1952)