Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

Oda emocionada al deportista

 

Desbocas las manadas de las remotas glorias

y por ti se culminan, se inundan los caminos,

se crecen los alcázares del hombre y su medida

y toma su más alta dimensión el olivo.

 

Por ti se abren los tiempos. Las grietas de la vida

pierden su ronca voz, su oscuro laberinto,

y un maratón de sombras en vértices de anhelos

se afilan con tus claros movimientos antiguos.

 

Por ti vendimian soles las luces de Occidente,

olímpicas praderas hacen amor y nido,

y recuerdos cretenses entrelazan sus ecos

con jóvenes de Kansas y con tartesios míticos.

 

En ti la fuerza se hace polen del alma cántico.

Cráteras encendidas de sarmientos vinos

serán cauce y memoria de tu destreza ingrávida,

de tu grandeza heráldica, de tu triunfar en vilo.

 

Desde la nada te alzas a un “más allá” de obstáculo,

ancestrales geriones, sansones sin vestigios,

derribando columnas de Hércules mitológicos

y abriendo nuevas rutas para el hombre y su espíritu.

 

Acróbatas de acero, arcángeles del santo,

estelas en la espuma, grímpolas del abismo,

en aire, en mar o en tierra tus proezas habitan

ya estatua de tu carne o soledad en grito.

 

Te sumerges al seno materno de la tierra

queriendo alzar su pálpito, maridar su latido,

y la tierra te abre sus grutas como cárceles

dándole amor al cielo y a tu aliento cobijo.

 

Rubricas en la nieve de esquiadores ágiles

entre esbeltez de abetos, carámbanos de frío.

Luminosas parábolas de galaxias inéditas

de planetas-balones de ignorados solsticios.

 

Suaves patinadoras de los mares del mundo,

sirenas velocísimas, flores de los alisios,

segundo nacimiento de Venus a las ondas

por gracia del deporte por obra del estío.

 

Escalador en diálogo con las nubes o el ángel,

buceadores anónimos, raudos centauros hípicos,

luchadores y atletas, hermanos de los pájaros,

tú, vencedor del récord, campeón de ti mismo.

 

Venid. Conmigo vais. Canciones al otoño

mi corazón como laurel y olivo.

Deportista del tiempo, el mundo se hace estadio

del cálido homenaje de tu valor sencillo.

 

Venid, que yo os convoco. Mi emocionado verso

será olimpiada de aire, campeonato mínimo.

Vosotros sois la antorcha de esfuerzos y culturas

que a través de la historia va iluminando siglos.

 

 

(1er Premio de los II Juegos Deportivos de Otoño, 1955, Sevilla.

Publicado en Juegos Deportivos de Otoño, 1965, 1967, 1970 y 1971)