Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

La amada

 

Ya nadie más. Ya todos.

Decidme si la veis, fuentes, árboles,

hablad de su sonrisa, del pequeño

llanto que se le enreda entre los dientes.

¿Es risa vegetal, libélula de estanque,

atardecer marino?

Hablad, decid, continuadme

esa pequeña historia de muchacha,

pero, ¡por Dios, decidme

si el alto mirador de su cabello

está granado para la cosecha;

si es lozanía apenas, fuente a solas

o tibio llanto oculto entre los pétalos.

 

Ya nadie te conoce;

ya nadie más; tú y yo solos

en el fiel universo del recuerdo.

Tú y yo solos, amada.

(Mi verbo te enmascara.

Mis pinceles te pintan

distinta de ti misma

para que nadie pueda conocerte).

Te buscan entre astros, sólo vértices,

diosa marina o ruiseñor canoro;

te buscan y te buscan solamente;

y tú conmigo aquí, sobre mi mano,

punta de lápiz, fecha de una carta,

o presentido corazón latiendo.

Y yo contigo aquí… ¿Aquí?... ¿No estabas

aquí en mi mano ya? ¿O acaso eres

libélula de estanque o tibio llanto?

 

 

(Publicado en Alba nº 10, Febrero de 1952, Vigo

y en Caleta, Cádiz)