Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

CARTA A VIOLETA

 

Esta tarde, Violeta, me encuentro un poco triste,

triste como la arena de una playa en invierno,

y quiero preguntarte por qué la mar existe

y existe tu llorar y tu reir alterno.

 

Quisiera preguntarte tantas cosas, Violeta,

el porqué de la fuente y el porqué de la risa,

y saltar a la muerte de una ágil corveta,

y salir de la vida con eterna sonrisa.

 

Aquí, todo lo mismo: las clases, las lecturas,

pasear por los campos en los atardeceres,

hacer versos a niñas de frágiles cinturas

que después, con el tiempo, se volverán mujeres.

 

Y tú, entre tus esteros, tu claridad salina,

¿acaso me has sentido por tu vida latir?

Yo te imagino siempre como una flor marina

con racimos morenos y sereno vivir.

 

Te diré mi secreto: el mundo no me altera,

el mundo es sólo el marco para nuestra oración;

lo único que importa es la vida sincera

de hablar con quien llevamos dentro del corazón.

 

¿Me comprendes ahora? Vivir es lo de menos,

lo de más es sentirse resurgir cada día,

compartir con las nubes los recuerdos serenos

y dejarse llevar por la monotonía.

 

Esta otoñal tristeza que me alienta y me poda,

que me fluye entre versos como un poco de mar,

como un poco de viento, es mi palabra toda,

es toda mi ternura y es todo mi mirar.

 

Por eso, Violeta, poco a poco te escribo.

Con colmo de primor ya la tarde se dora...

Es tanta la dulzura, que si vivo o no vivo

es lo menos que importa averiguar ahora.

 

Flor marina, recuerdo, todo en ti se concreta.

El mar es más alegre si se sabe que es mar;

y déjame que aprenda tu nombre de planeta

porque te pueda luego lentamente llamar.

 

Por todas estas cosas que tan dentro llevamos,

hoy te he escrito, Violeta, por dialogar contigo.

Vivir es lo de menos: hablemos con quien vamos

para poder hacerlo a Dios como a un amigo.