Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

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Te yergues sobre un duro suelo. Vives.

Lanzas, seguro, al vuelo, tus halcones

para beberse el aire y la alegría;

el viento se somete a tu apetencia

y dominas la risa, el mar, la noche,

te dominas a ti, clavas tus garfios

en la colina del pasado y sigues

alegrando los pasos que te esperan.

Dominador de todo, consumiendo

con tus pequeños sorbos la victoria,

haciéndote victoria, alzando, izando

tus banderas a mástiles, a cimas,

izándote a la gloria, haciendo carne

de esa gloria de tu carne y tu ventura.

 

Pero estás limitado, compelido

por muros, por enormes muros negros,

por espesas paredes que te encierran

en su pozo de sombras y vacíos;

a veces, raras veces, algún rayo

de sol desciende hasta tu soledad

para hacer más patente tu impotencia.

Insoslayables límites te anulan

y estás en cruz, trazado aunque no quieras

sobre unos ejes que sin ti se hicieron.

La misma vida te limita y nunca

morir te salvará de haber nacido;

y tú también serás límite tuyo,

origen y destino de tu vuelo.

 

Pero dos muros te aprisionan sobre

todas las otras fuerzas que te aplastan,

estrujando tus huesos, tus afanes,

hasta volverte en pulpa de tus sueños:

el espacio en que vives se alza ingente

haciéndose himalaya en tu camino,

y el tiempo que erosiona tus roquedos

piratea las naves que atesoras.

 

Tu tiempo en flor, tu espacio en agonía

serán las coordenadas que te amarren:

lucharán otras líneas divisorias

-abcisas de rencores, sendas vagas

de sueños demolidos, yertos círculos-

por encerrar, por limitar tus ímpetus,

pero nunca tendrán fuerza y arrojo.

Se van cerrando contra ti los muros,

inútilmente lucharás con ellos

para estar sin fronteras, abarcando

los astros, sus medidas, como inédito

robinsón por los siglos de los siglos.

Pero se estrechan más los altos muros,

te limitan, te asfixian, te aprisionan,

y entre latido, entre distancias, dejo

mi espacio en flor, mi tiempo en agonía.