Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

1

 

(La casa)

 

La casa se edifica de recuerdos,

levanta sus paredes de ternura,

su vertical cobijo a la esperanza;

tiende amorosamente sus tentáculos

de maduros instantes de agonía,

de inmarcesible y transitada historia

por días sucesivos, por laderas

de entrañables momentos sin contornos.

La casa es una luz entre las sombras,

una sombra azulada entre tinieblas;

un camino de todo en el desierto,

un navío en el mar, una cabaña

de beso, una llamada en la subida.

La casa se conmueve cuando el llanto,

se goza con la risa de los hijos

y atesora en sus muros la alegría;

es nuestro yo más descuidado y puro,

el asidero firme, la certeza,

la madre, la mujer... La casa tiene

nuestro calor y nuestra siempre gloria,

va creciendo su tiempo en nuestra sangre,

va edificando su altitud con ecos

de los besos caídos, sus paredes

se colman con sudores, sus ventanas

se alimentan del pan de nuestra mesa,

cubre con la migaja de los sueños

los vértices tranquilos de sus días.

La casa nos arropa, nos abraza,

nos acuna el cansancio tenuemente,

se hace vida en su vida nuestra vida

y amalgama la pena inviolable

con su cal y su llanto y su destino.

La casa se oscurece en la tristeza,

despliega sus fronteras al amigo,

se hace bastión de espina, amurallada

penumbra o corazón al descubierto;

la casa se recrece en nuestros límites,

se eleva en los segundos que nos cruzan,

y nosotros estamos cada día

haciéndonos más carne de la casa.