Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

23

 

El mar niega su ser a la esperanza

y la playa le niega al mar su ser.

El mar muere en la arena junto al paso

anhelante que fue dejando el hombre,

negando el ser al hombre, derramando

su amor junto a las tablas carcomidas,

enterrando su amor y su tortura.

Niega su ser la playa a quien la vive

y pone junto a restos desahuciados

los mínimos naufragios del olvido,

los inmensos naufragios de renuncias,

los huérfanos del tiempo, soportando

las ataduras de algas, los certeros

bandazos de la pena, la alegría

de vuelo entrecortado, sostenido

por la pobre esperanza, que las aguas

cubren como a los restos del verano.

 

(La playa, el agua gris, el viento amargo,

la lentitud de la latina vela,

el soñado pinar, y la desnuda

pared, y el viento amargo sobre el alma

otra vez, y este restañar las olas

rizadas por la amarga cantinela

de adioses que dejaron grises restos

en los gris de este viento, en lo salobre

del agua sin verano y sin confines...)

 

El mar niega a la mar sus tempestades,

el yo niega su amor al yo que añora

y la playa sepulta con su arena

los pasos que marcaron gloria y cima.

Y entre restos de restos, y podridas

cortezas de los días desguazados,

clava la mar sus carcomidas olas

en la gloria del ser que le anhelaba,

en el centro del mar de cada día

para negar la misma negación.