Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

5

 

(El cuarto de los niños)

 

Todo es aquí sencillo y en sosiego.

El pan se llama pan y el vino tiene

un rubor de inefables medias lenguas,

un balbuceo de pequeños pájaros

y un trino sin domar de risas mínimas.

Aquí todo se hace moldeable

arcilla primordial para los juegos,

todo se cubre de un rumor de infancia,

de una serena granazón de gloria

y un torpear para escalar las sillas.

Y aquí la casa late en tono tenue,

pone sordina a su fragor de acosos;

y los vientos que brotan como cerco

acechando sus huecos y resquicios

para clavar su daga en nuestras horas,

se amansan en las manos y sonrisas

de los niños, y aquí la casa vive

su logro más sereno, su cordura,

y aquí la casa entera se hace madre

para mecer los repetidos sueños,

para nutrir los repetidos pasos

de los hijos por penas y pasillos,

por los cauces y ardientes miradores

de afanarse en el pan y por la casa.

El cuarto de los niños, dulce parque

para sembrar caricias e ilusiones;

ciudad para los sueños, fértil cumbre

de gozos, de promesas, de misterios.

¿Qué presentida, qué ignorada senda

cruzará tus paredes, tus canciones?

En este cuarto de los niños nace

nuevamente mi infancia, y se recrece;

y en este universal, tranquilo mundo

que limita hacia el este con la rota

muñeca, y tiene al sur la desinflada

pelota, en el oeste el gris mecano

y al norte la alegría de la madre,

en este planetario de dulzuras,

en este mar sin vientos ni galernas,

yo elevo la cometa de la casa.