Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

a Antonio Murciano.

 

Podemos contemplarle. Viene a solas.

Ni las nubes con él; a solas anda...

Hunde el rostro en la tarde y la baranda

del recuerdo corroe sus corolas.

 

Dejadle ya. Podridas amapolas

llenan su sucio páramo y la landa

terrible del dolor, de banda a banda

del corazón, le abate con sus olas.

 

Solo y a solas. Contemplad su día,

su noche ya, su corrosiva lumbre,

mar que se empeña en vértices de sueño.

 

Turbio cadáver, hueso de elegía,

ahí lo tenéis, hacia la adusta cumbre

de su vivir, a solas con su leño.