Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

(Historia de un suicidio)

 

a José Olivares (abuelo, hijo, nieto).

 

El hombre, solitario, rompe su lanza y llora.

Con la espalda curvada va quebrando el silencio

y en indecisas voces se hace noche su aurora

y se hace sin final su noche sin comienzos.

 

Quiso tener el mundo, vivir en la sonrisa,

vencer sobre la muerte, alzar triunfos de todo

y todo se le vuelve viento en una cornisa,

ademán taciturno, sombras en un recodo.

 

Atrás dejó la dulce plenitud de su día,

las brisas suavísimas que le dieron abrigo

y ahora camina solo, árbol sin melodía,

sin llevar ni un recuerdo ni una mano consigo.

 

La tarde, lentamente, desciende la ladera

del tiempo del amor, de dichas sorprendidas;

es la hora tristísima en que muere la espera

y sueltan sus amarras los barcos de suicidas.

 

El hombre se detiene. Se asoma el antepecho

del ventanal del mundo de su lejano olvido;

anda, sigue andando, vence un trecho, otro trecho...

Y todo se le escapa como un ave sin nido.

 

No encuentra ya cobijo; se pierde en un desierto.

Los corazones cierran sus postigos hostiles

y él camina seguro hacia el seguro puerto

donde la carne se hace de un palor de marfiles.