Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

  

(El raro)
 
a Maruchi López y Gladys Oyarce. 
  
El raro sube, lento, los caminos del monte;
vence la lucha fácil con la suave colina
y se recorta límpido sobre el claro horizonte
como una roca más, como una nueva encina.
 
Le pesan en sus hombros mil siglos de tristeza;
siempre camino solo; ya nadie le conoce.
Un idolente gesto de inédita terneza
le brota de los ojos; su dolor es su goce.
 
Va huyendo de los ciertos resplandores urbanos
buscándose más dentro de sí, más en su mundo;
la tarde, como un fruto, se seca entre sus manos
con un rumor de pájaros y un sollozar profundo.
 
¡Qué música le colma su soledad! ¡Qué abismo
melodioso y distante de soledad le eleva!
Ha sabido encontrar un amigo en sí mismo
y un torrente de paz su corazón le lleva.
 
Pero es el raro y sigue; pero es el raro y calla.
El pueblo es una gota de cal bajo su frente
y entre su amor y el mundo se eleva una muralla
que conquista la estrella y hace nacer la fuente.