Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

a Lucrecia y Manolo.

 

Desde luego, no es ésta la esperanza,

no debe ser, no puede ser esta zozobra

de enterrarse ante el fango hasta los pómulos

de vivir cuatro sílabas que muerden,

de tener cuatro vientos ya sin nadie

que le de luz y forma y música de almas.

 

Y nosotros decimos "la esperanza";

miramos el reloj que nos señale

la hora de llegar, sacamos del bolsillo

el pañuelo recién lavado,

las escasas monedas que nos quedan

y buscamos en ellas la esperanza.

Pero yo no conozco su medida,

yo no sé cómo se hacen trajes de esperanzas,

yo no sé con qué estrellas o qué gestos

puede brindarse el corazón a nada,

yo no sé cómo brota, cómo nace

esa flor, esa perdida flor

que nunca colgará en nuestra solapa.

Y a veces pongo ante mis ojos

una esperanza de papel, una tristeza de papel,

un monigote de papel que loco alguno

pudiera haber tenido entre sus manos.

Y nosotros decimos "la esperanza",

preguntamos a todos los vecinos

si la han visto naciendo golondrinas,

si saben en qué latas y basuras

puede encontrarse un hueso de esperanza,

una cáscara negra, una oxidada mano,

un corazón desinflado como un globo sin aire.

Pero somos así, ya no hay remedio;

somos como el pájaro encerrado en una habitación

y tropezamos una y otra y otra vez con la ventana

y perdemos las alas contra la pared,

contra la dura muralla de la desesperación.

Buscamos la esperanza hasta en los versos,

abrimos las compuertas de la pena

para que salgan esos versos mineros

que buscan la luz de una esperanza

en las minas de la soledad;

sacamos como soles perdurables

la palabra antiquísima, la palabra que el uso

ha puesto ya inservible como un monte sin piedras.

 

Pero ya no hay remedio.

Yo hablo y que me entiendan los que entiendan;

conocerán mis palabras aquellos que sufrieron

los que tuvieron que morderse el llanto,

los que un atardecer se vieron solos

cuando el amor le hinchaba los pulmones;

los demás, los que no sepan lo que digo,

allá con sus conciencias.