Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

a Anita Pérez García.

 

Dejarse el corazón en una esquina

es menos doloroso que cambiarlo de sitio

que llevarlo a los labios

diciendo adiós a cántaros y besos.

Este crujir del césped

sin importarle a nadie la suela del zapato,

preguntando si llueve, si hace sombra,

viviendo cada instante, consumiendo

gargantas y palabras

en inútiles llantos sin sentidos;

este crujir del césped,

este marchar de prisa

quizá con la esperanza

de ganarle a la muerte unos centímetros,

este afanarse estúpido

por dividendos y cotizaciones,

hacen del mundo un trapo

en la eternal sonrisa de Dios, aire

para la enorme torrentera antigua

de voces y más voces que se clavan

en lágrimas sin llanto.

Dejarse el corazón en una esquina, 

clavárselo, romperlo, despojarlo

de su roja corteza llameante,

hallar la fuente eterna, el centro último,

la flor nacida a espaldas de una aurícula,

tropezar con torrentes que nos llevan,

que nos arrastran como piedrecillas,

todo esto, lo sé, es doloroso,

pero decidme,

vosotros, los que andáis,

los que lleváis a lomos la tristeza

sin saber por qué os vino,

los que guardáis rebaños

de pálidos prodigios repetidos,

¿no duele más en la mitad del alma

que nos enseñen

un palpitante corazón y digan:

"Esto es un hombre muerto ayer mañana"?