Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

a Manuel Ríos Ruiz y Juan de la Plata.

 

He aquí al hombre que se ha quedado solo para la lucha.

Mira sus manos vacías,

sus afilados dedos sin defensa

y piensa en un ayer, en una gloria lejana,

en voces que lo alzaban ya sobre su estatura.

El mundo, en torno suyo, sigue su sinfonía

y la noche se vuelca sobre el mundo,

se hace cal en la esquina,

se hace parásita en el hombre.

Pero he aquí al hombre luchando solo contra su soledad,

comiendo y bebiendo su soledad,

y piensa,

y alza los mástiles del recuerdo,

y pone tapias a su corazón.

Pero yo os digo

que tirar un corazón ajeno por la borda

es más fácil aún que prestar energías;

sólo hace falta un leve gesto, una palabra,

un monosílabo desesperante.

Y no encuentra asidero la esperanza,

y la soledad es como un cuchillo que se clava,

un machetazo que corta los latidos,

que mata sin matar.

Pero el hombre lucha contra su lucha,

se hace vida en su lucha,

se hace vida en su muerte,

y cubre su rostro de una máscara,

y va con su muerto a cuesta oculto tras la máscara

dando la máscara por vida,

dando todo por nada ni por nadie.