Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

a Pepe Nadal, Diego Villagrán

y Domingo Sierra.

 

¿Y habremos de sabernos cada paso

con menos estatura y menos sangre,

y resignarnos a subir de nuevo

oscuros trampolines

para saltar a ciénagas sin fondo?

 

¿Y habremos de saber que cada instante

nos aguardan sollozos tras la puerta

y que tendremos que acabar, sabiéndonos

amplios gigantes de la madrugada?

Pero nadie nos dijo

cuando el latir primero nos ganaba

centímetros de luces,

cuando el soplo vital nos iba alzando

en el sagrado y maternal recinto,

cuando impacientes dedos golpeaban

paredes interiores

con ventanales de sangrantes células,

nadie nos dijo

si estábamos conformes de llegarnos

a la amargura inútil de la tierra,

a este pasar furtivo

de cazador abandonado y solo,

nadie quiso decirnos

que en múltiples recodos se congregan

los ágiles fantasmas

de inconfesables noches sin finales.

Pero estamos aquí, de pie, como si nada,

como si esto no fuera con nosotros;

bailando en estos trágicos

valses de oposiciones

para tener más tierra entre los dedos,

cayendo con la lluvia, levantándonos,

siendo menos nosotros, menos yo,

a cada nuevo paso que nos piden;

y para qué, me digo,

para qué este incansable arar los mares,

¿para servir de abono a alguna planta

con su podrida savia descompuesta?