Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

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A Juan Manuel Suárez Japón

y Manuel Ravina Martín


    Hundo mis manos en la tierra para
encontrar mis raíces, la fecunda
savia que da latido a mi tristeza;
la porosa cerámica del viento
auriñaciense que me puebla y nutre;
la dura espuma y el torrente cálido
de un olivo tartésico que brota
indeciso en el polen primitivo
de un recorrer la historia con mi sangre.
Hundo mis manos donde puedo y tengo
detrás un mar de acantilados rotos
por tempestades de generaciones
que vertieron su semen por el tiempo
para que a veinte siglos de otros siglo
yo busque mis raíces. Y en silencio,
por caminos que van a Roma desde
un sueño andaluz, tiende los arcos
de los suspiros amadores para
encontrarme en los surcos que tuvieron
la luz que desde el caos me alimenta.
Hundo mis manos en mi sangre y siento

unánimes rescoldos de otras sangres
habitándome y dándome mi cifra,
el canto de unos pájaros que fueron,
y el saber que este yo con que convivo
es un árbol plantado hace milenios
por una mano ibera y fue regado
con llantos de andaluces desde siempre.