Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

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(A las sombras de Itálica)

 

A Manuel Bendala Galán, amigo, para que cuando sea un arqueólogo famoso recuerde que tras –y sobre– las piedras,

está el hombre.

 

Quiero olvidar la Itálica famosa,

la de las Venus de irisado mármol,

la de silente, mudos, siempre enhiestos

cipreses que, en sus sombras, dieron nido

a las romanas águilas, a eternas

legiones que llevaron los caminos

de la ciudad al mundo, al descampado

de tiempos, fortalezas, huesos, gérmenes

de dioses, duras manos, altas grímpolas,

para alzar la torpeza de unos vientos

sobre las tapias de lo siempre ido.

Quiero olvidar la estirpe de Trajanos,

los Aelios que dieron sobre el musgo

del tiempo su ejemplar ruta y prestancia.

Porque quiero cantar la subhistoria,

lo gélido y vencido, no el palacio

sino la cabaña, no la columna,

sí el adobe secado al sol de Iberia;

no cantar al mosaico, no a las glorias,

sino la tosca, anónima cerámica,

no al empuje de los césares sino

al legionario, al rudo labrador,

la esclava no nombrada, el epitafio

del niño aquel a quien los dioses dieron

la tierra leve para descansar.

Porque ellos también fueron historia.

Quiero cantar no al fruto, no las ramas,

sí la raíz hundiéndose en la tierra,

sí el alfar, sí la ibérica semilla,

las chozas, las veredas y los surcos

que Scipio se encontró cuando llegaba

con sus legiones victoriosas frente

al fiel solar que lo sustentaría.

Quiero cantar el paso en el camino,

la muerte sola en el anfiteatro,

el gladiador vencido, la doncella

que suspiraba en el jardín o el huerto,

y el mirlo aquel que alguna vez cantara

al sol poniente, sobre rama incierta,

cualquier atardecer, cuando era España

ni un proyecto siquiera en el futuro.

Quiero cantar su olvido y su misterio

porque ellos también fueron Itálica.