Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

11

 

En el balcón de un río tengo puestos mis años

para ver de encontrar en las ondas un rostro,

para tratar de ver un conocido gesto

que tuve hace mil siglos, y ni encuentro ni evoco.

 

Por caminos de huertas, eucaliptos y nísperos,

contruía una torre de marfil poco a poco,

teniendo sólo ahora por cobijo y guarida

los restos de un naufragio y el pan de unos escombros.

 

El río que contemplo no es el río que tuve

y sus aguas vertieron en mares tan remotos

que dejó un cauce seco, igual que mi esqueleto

ha secado mis días pasados... y los próximos.

 

Una barca de remos ha rozado los sauces

igual que mis espaldas vadeaban los troncos

cuando buscaba en sombras un mañana de vértices

entre sueños sin luz y luces sin rescoldos.

 

Pude contar los peces del mundo entre sus aguas,

construir con sus gravas imperios y despojos,

volar con sus vencejos, enredar en sus zarzas

unos libros de texto y un callar y unos ojos.

 

Pude entonces tocar mi fondo con mis manos,

levantar mis azudas, ahondar en mis fosos,

elevar aún más alto que las torres del pueblo

-la peña por debajo- cohetes de mi gozo.

 

Pero sólo contemplo una aguas con nada,

sin zarzas, ni vencejos, ni azudas, ni los otros

sueños que edificaba; sólo aguas con aguas

y una infancia ya muerta, ya cubierta de moho.