Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

26

 

Pasaba la alegría por su puerta

y la entornó; dudaba todavía

que pudiera llegarle la alegría.

Nunca supo si estaba viva o muerta.

 

Dudando más, temiendo no ser cierta

la nueva luz que entraba por su día,

abrió de golpe, la llamó, y venía,

pero pasó... La puerta quedó abierta.

 

Lentamente cerró y a cal y canto

dejó postigo y gloria, porque había

que mantener en sombras la ventana.

 

Salió al camino y ocultó su llanto,

sabiendo que en su huerto la alegría

era un fruto podrido y sin mañana.