Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

5

 

Para Rosario Medina,

con el recuerdo de Antonio

 

Cada mañana empieza

esa traición de cada día. Nadie

confesará su falta desde luego.

 

Pero al ir a afeitarte

unos adormilados ojos

te arrojarán azogue corrosivo

que te despertarán para los restos.

 

Y es que a pesar de todo, todavía

te aferras a ese estúpido recurso

de encanallar los nudos de corbatas

por mantener la cotidianeidad,

fumarte la tristeza en un cigarro

y lanzarte al torrente de ese día

como si no supieras lo que ocurre.

 

Se dice incluso que se anotan

algunos casos que de veras

no saben lo que ocurre. Pero pocos.

 

Lo normal es que crezca la joroba

de los apesadumbramientos,

de las renuncias y las limitaciones,

y vaya gravitando

su enorme pesadez contra tu espalda

comprimiendo los huesos de tus sueños,

quebrantando la pulpa

que eran columnas en tu corazón.

 

A veces un relámpago

te inunda de deslumbramientos

y piensas un segundo

que todo vuelve a comenzar...

 

Y todo se reduce

a que sin darte cuenta

sobre tus hombros cargas nuevamente

esa traición de cada día.