Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

9

 

Para José Carlos Guisado

 

Te vas reencarnando a cada paso

en tus mismos afanes... mientras vives.

 

A cada instante mueres, pero salvas

tus sueños, tus recuerdos, tus tristezas,

y dejas en herencia a esa locura,

a ese fantasma

que toma los testigos de un relevo

y se lanza a la vida

con restos de memorias

de otra existencia

que nunca será tuya.

 

Se perciben los ecos de un pasado

que sabe que existió, pero que ignora

el dolor de una herida,

la oscuridad de unas traiciones

que fueron la espoleta

de una explosión de desconsuelos.

 

Vives mil vidas de prestado

que construyen un único artificio,

que dices cómo has sido y cómo eres,

que en presente resumes

tu pasado y futuro

en un tronco de tiempo carcomido.

 

A veces tienes suerte y continúas

rodando por los yo que te suceden

creyendo en esa fábula

que has levantado para confundirte

como un todo continuo donde alientas

-al menos te consuela el argumento-

desde el principio hasta el final.

 

Pero una noche, cuando más seguro

estás de que las cosas no han cambiado,

al volver una esquina, te tropiezas

con los múltiples restos de tu ser

que has ido condenando a la ignorancia,

que has dejado estampado en las paredes

como pintadas de tu desencanto;

y te das cuentas, de una vez por todas,

que nunca fuiste tú,

que te devora la inconsciencia

que has ido levantando como signos

que pensabas que estaban dominados

y sin embargo te destruyen.