Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

 

18

 

  Hay barcos que se hunden

con dolor, pero con dignidad;

-¿recuerdas el Titanic?- otros sólo

se hunden, y hay alguno

que, a pedazos o enteros,

únicamente lloriquean

su larga letanía de fracasos.

 

  ¿Cómo se hundió mi barco?

¿Qué torpedos de orgullo,

de palabras torcidas, lo hizo añicos?

¿Cómo ardió su velamen?

¿Quién el fuego

de una cerilla que inició la guerra

no fue capaz o no quiso o no pudo

apagar evitando la catástrofe?

 

  Sólo queda un naufragio,

cuatro cajas flotando sobre el agua

y que algunos denominan

recuerdos por mal nombre,

pero que sólo sirven

para poder contar más fácilmente

el número de ahogados

que dejarán en la playa la marea.