Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

"PASO DEL HOMBRE" (3/9)

[Enlace al libro

 

 

     Pero la tristeza es un cimiento profundo sobre el que se asienta la poética de A.L. Baena. Es un estado de ánimo que aparece como constante en su obra. Quizás lo excepcional, lo que se sale de su manera lírica habitual, sería la alegría, el optimismo.

 

     En el soneto “La muerte va lamiendo mis cimientos” [poema] se advierte una clara filiación miguelhernandiana: sonoridad rotunda y figuras metafóricas de gran plasticidad. Así: “fruto de guadaña”, “sembrador de vientos”, “tengo un llanto por cabaña”, “lutos cenicientos”, “luto por norte y luto por bandera” y ese “lleno de muerte hasta la gusanera”.

 

     A.L. Baena no encuentra más enemigo que su propio ser, como nos lo proclama en el soneto que a sí mismo se dedica [poema] donde declara “tú contra ti”, “ni enemigos ni amigos”, y en que manifiesta “tú mismo pierdes, ganas”, “es mucho envite por tan poco juego”.

 

     Su actitud escéptica ante la ruleta de la existencia le hace contemplar la rueda de la Fortuna con el amargo escepticismo de quien sabe que es artificio trucado y que, al final, la partida ha de perderse y que, quizás, no valga ni siquiera la pena ponerse a jugar. Y nos dice “El triunfo ¿para quién? Yo te lo entrego”.

 

     Ese “estado de desgracia” que en el poeta resulta una constante le hace expresarse de manera desolada, convencido de que “nació para ser triste” como en el poema dedicado a su madre dice “incubando tristeza nueve meses” y en verso de resonancias clásicas afirma “de mi tristeza vengo” [poema].

 

     Es tanto su ahondar en la tristeza que le resulta indiferente comunicarla o no a los demás. De modo que si la declara hostiga contra él mismo a “sus lebreles” y si la silencia “se derrumban los muros de mi casa / y se agosta la espiga de mi trigo” [poema].

 

     Y la soledad. ¿Vendrá su tristeza de la soledad, de ser “una isla sin vecindad,” de estar “más solo que una isla?” [poema].

 

     Pero el poeta sabe que su estigma de tristeza no es deseado sino impuesto. ¿Por qué o por quién?, ya que él desea que la tristeza dé paso a la alegría. Y así lo dice exclamando: “Yo cambio soledad por alegría, / doy tristeza y dolor por cualquier cosa” e, incluso, como si de una feria de muestras se tratase, acude al sarcasmo para pregonar: “Pasen, señores, pasen. El muestrario / de mi tristeza pongo en la mañana” [poema].

 

     Una nube de pesimismo gravita pesadamente sobre sus versos y con cierta impudicia, quiere ofrecer al mundo el espectáculo de un juicio en el que se le procesa por el delito de “lesa tristeza”, y así dice “Visto para sentencia: el tiempo mío – me condena a la pena de la vida – para seguir viviendo, sin embargo” [poema].