Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

"TIEMPO MUERTO" (5/9)

[Enlace al libro]

 

 

     El leitmotiv temporal en la poesía de A.L. Baena llega a su mayor expresión en el libro que lleva al tiempo de bandera. Así en “Tiempo muerto”, la observación de transcurso, la lenta e imparable destrucción que el paso de los días provoca, tiñe todo el poemario de un tono devastador, implacable. Quizás sea por eso, por lo que en el soneto inicial, pide que le dejen “andar contra corriente” para reconquistar su poderío, a la vez que grita su deseo de “poner en pie” su tiempo muerto, un cadáver sin posible resurrección [poema].

 

     Pero no es sólo que el tiempo – y nosotros – muramos sino que – mayor condena – los recuerdos nos dan permanentes clarinazos de advertencia de lo que ya, indeclinablemente, transcurrió. De ahí que el poeta condene los recuerdos a “cadena perpetua” [poema], aunque acabemos indisolublemente unidos a ellos, de manera que ese cadáver, ese difunto sin enterrar que es el tiempo, nos acompañará de continuo como un alma en pena que nos privara del descanso.

 

     Pero es que el hombre no es un ser aislado que sigue en su trayectoria vital un camino rectilíneo, previamente trazado, sino que se le adhieren a lo largo de su existencia personas, cosas, pasiones, esperanzas y fracasos. Con rotundidad lírica el poeta canta que “yo soy yo mismo más los sedimentos / que cosas y personas arrojaron / sobre las simas de mi geografía”. Es lo que hace que, al final, sorprendido – tristemente sorprendido – concluya que tales sedimentos y acarreos le “dejaron / una montaña que no sé si es mía” [poema].

 

     El poeta es consciente que todo saber – el profundo, el verdadero, no el que conduce a la erudición sino a la sabiduría – ha de adquirirse siguiendo el precepto délfico del autoconocimiento, lo que le hace manifestar su deseo de bucear en su interior para encontrarse consigo, “para encontrar mi futuro / al tiempo que lo perdido” [poema]. Única vía para poder llegar a entender su enclave de hombre en el mundo y en el tiempo. Pero Antonio Luis Baena sabe que – aunque todo lo arrase el tiempo – él “llora la destrucción” (del amor, de la belleza, de la vida misma) pero “no el olvido”, ya que “olvidar es vivir de otra manera” [poema].

 

     El soneto que hace el XXV del libro – “Yo me muero de amor” – (Antonio Luis Baena es un espléndido sonetista) nos presenta a través de la carpintería de un anecdótico suceso luctuoso una amarga reflexión sobre el amor. Frente a la consideración masoquista del imaginario suicida – “Yo me muero de amor” – se nos brinda el pericial dictamen de quienes – fuera del marco sentimental de la presunta víctima – dictaminan “Vivo estás”, ya que advirtieron que no tenía rota la “vena de amor que le sangraba”, lo que obliga al “muerto de amor” a olvidar su muerte y agonía, “para seguir la vida que llevaba” [poema].

 

     El libro se cierra con el “currículum vitae” [poema] del poeta en “tempo” de soneto que en sus catorce versos consigue compendiar su biografía: trabajos, amores, fracasos… Nos dice que “lo que ahora es papel ayer fue vida”, un manojo de cuartillas que – de modo escueto – viene a agavillar – “dejar en voz encuadernada” – su amor, su adiós, su historia.

 

     Síntesis armoniosa y rotunda de una existencia en la que “el tiempo va quedando atrás como un triste despojo”.