Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena
Antonio Luis Baena

Cristóbal Romero López

(1931 - 2014)

 

Cristóbal Romero nace el 20 de mayo de 1931 en Arcos de la Frontera. No llega a terminar sus estudios de Bachillerato y comienza a trabajar en actividades comerciales.

 

Reacio a publicar sus poemas, su obra se desperdiga por numerosas revistas literarias, pasando su producción poéticas por grandes altibajos donde se alternan largos periodos de esterilidad con otros de febril actividad creadora. En 1986 gana el premio Ciudad de Alcalá por el poema "Recordando a mi padre", en el 1987 el premio de poesía corta de Jerez de la Frontera por "Poema de amor con el mar de fondo" y en 1989 el Seaurus de Los Palacios por "Los signos del amor".   

 

 

Cristóbal Romero deja numerosos libros terminados. Desgraciadamente, la mayoría de ellos permanecen sin publicar. En 1989 ve la luz el libro de poesía infantil Ábreme y verás, y en 2004 Pretérito anterior, formado por dos poemarios: los 19 sonetos Del agua que bebo, y los 24 poemas del El collar de la serpiente. En la Navidad de 1993, la asociación de Belenistas de Cádiz rescató su pequeña obra navideña de 1954 Retablo del Caminante. Deja inéditos, al menos, los libros infantiles Corre, corre caracol y Canto contigo, canta conmigo, así como los poemarios De sol a sol, Mujeres del tiempo de Cristóbal Romero y La mar, el mar y otros mares.

 

Además de poeta, Cristóbal Romero sintió atracción por otras facetas artísticas como la fotografía y la creación de obras pictóricas mediante la técnica del "collages", habiendo realizado numerosas exposiciones en Arcos, Cádiz, Sevilla, Madrid y Luxemburgo.

POR MARZO

 

A Antonio Luis Baena,

que también lo recuerda.

 

¿Recuerdas de aquel año la novena?

Coronábase Marzo sensitivo

y era San Agustín como algo vivo

albeando más si cabe a la azucena.

 

Sonaba la campana como suena

en el cristal el aire reflexivo;

y estaba yo en silencio, pensativo

cuando colgué tu nombre en mi cadena.

 

El corazón se puso en galopada,

como un corcel de fuego y de quebranto.

Con un rubor de sangre salpicada.

 

Te pusiste nerviosa y mientras tanto

subías por mis ojos la mirada:

yo perdí la ocasión de hacerme santo.

 

Del poemario Del agua que bebo

 

 

 

CRÓNICA DE UNA BATALLA MUY PARTICULAR

 

No vi lo que pasó.

Lo cierto fue que retornaron

del combate

maltrechos y jubilosos.

Partieron los yelmos, y rodaron

adargas y rodelas;

no hubo vencedores

ni vencidos.

El encuentro fue

en el hondón del bosque,

frente a dos oteros que rematan

sendas torres vigilantes.

El campo que era nevado,

de la holanda más pura,

quedó sembrado de azucenas.

Tan solo un herido hubo

que sangró por la herida

de batallas anteriores.

No se oyeron ni llantos

ni crujir de huesos

que desvelaran otra cosa

que no fueran amores desmedidos.

Así debieran ser todas las guerras.

 

Del poemario El collar de la serpiente